14 de abril de 2019

EL PLANETA ROSQUILLA (Relato)

Os ofrecemos un nuevo relato, con el que empezamos una nueva andadura tras la publicación de El Evangelio digital, donde compilamos todos los de los dos últimos años.
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Relatos  |  Ciencia ficción y humor

EL PLANETA ROSQUILLA

Una pequeña pieza satírica. ¡Que la disfrutéis!


Por D. D. Puche


El planeta Whoa! se formó hace miles de años (según los cálculos de los habitantes de Whoa!), mucho antes que cualquier otro planeta habitado conocido (conocido por los habitantes de Whoa!); pues es bien sabido que no otro, sino éste, fue el elegido por los dioses para crear unos seres inteligentes a su imagen y semejanza.

Sin duda alguna, Whoa! es el centro del universo, o habría de serlo si éste tuviera un único y genuino centro. Pero, para los habitantes de Whoa!, que poco saben de los orígenes del cosmos, éste no es sino un conjunto de bóvedas celestes, cada una de ellas circundando la anterior, que están ahí para darle un cielo estrellado a los habitantes de Whoa!

Lo más señalado de Whoa!, aparte de sus buenas gentes, pues mejores no las hay según los habitantes de Whoa!, al menos, es su peculiar forma de rosquilla. O sería al menos peculiar para cualquier observador externo, ya que cualquier observador externo, de haberlo, muy probablemente habitaría el típico planeta esférico. Y si bien, como muy acertadamente señalan a su vez los habitantes de Whoa!, ésa y no otra es la forma que suelen tener los astros, la forma de rosquilla no es para ellos sino signo indubitable de su singular lugar en el cosmos. De su especial importancia.

Es Whoa!, así pues, un planeta perfectamente redondito, con su agujero en medio, como corresponde a una buena rosquilla espacial. Por lo que respecta a sus movimientos, Whoa! mantiene, que se haya observado con precisión, tres movimientos constantes, que si bien no se dejan sentir por sus habitantes, en la superficie, al menos explican los cambios que ven en el cielo estrellado, y en la sucesión de los días y las noches, y en la marcha incesante de las estaciones. 

Gira Whoa! sobre sí mismo, alrededor de un eje imaginario (pues en el agujero de en medio obviamente no hay nada), en un plano perfectamente recto, lo que para los habitantes de Whoa! facilita mucho las cosas, de cara a evitar posibles mareos. Es éste el llamado movimiento de “la vueltecica”. Cada día en Whoa! tiene doce horas (cada una de las cuales equivale a dos horas de la Tierra), distribuidas en dos franjas horarias de seis horas cada una, para el día y la noche. Todo perfectamente simétrico, como debe ser.

Gira también, a la vez que sobre sí mismo, alrededor de la estrella del sistema planetario al que pertenece, llamada Tururú! Este inmenso giro, que recorre las vastas distancias espaciales de lo que los habitantes de Whoa! llaman “el paseíllo sideral”, se completa en un año de exactamente cien días, lo que resulta muy cómodo para los habitantes de Whoa!, dado que aprecian las cifras redondas. 

Recientemente, los físicos de Whoa! descubrieron un tercer movimiento, al que llamaron el “bamboleo” de Whoa!, que consiste en que el planeta, al girar sobre sí mismo, no lo hace sobre un punto situado en el perfecto centro geométrico de la rosquilla, sino alrededor de otro punto desplazado de éste, llamado “foco”. Los científicos suelen explicarlo a las autoridades, y los maestros a los niños en los colegios, colocándose una rosquilla en el dedo y haciéndola girar. Pero nadie lo entiende muy bien. 

Muchos en Whoa! se resisten aún a creer posibles tales movimientos, arguyendo que si tal fuera el caso, las buenas gentes del planeta, al no estar ancladas a la superficie, saldrían despedidas al espacio exterior; o cuanto menos, sufrirían los efectos de unos vientos huracanados que les dificultarían la vida y les provocarían unas migrañas terribles. Aferrándose a modelos científicos de estricta base empírica, infinidad de experimentos, de continuo repetidos, demuestran para muchos científicos de la vieja escuela que es el universo en su conjunto el que, caprichosamente, gira alrededor del planeta, que en realidad permanece inmóvil. Esta teoría, tan científica como la otra, es apoyada por la mayor iglesia de Whoa!, el Sinpatetismo, una mezcla de supersticiones antiguas y patéticas creencias sin sentido alguno.

Tiene Whoa! un satélite, llamado Badabadabú!, que mira constantemente hacia el planeta rosquilla por una de sus caras, mientras que la otra permanece a oscuras, ya que no gira sobre sí mismo. Se especula con que hace miles y miles de años un gran asteroide pudo impactar contra el planeta, desgajando el centro de la rosquilla (que en aquel entonces era una berlina), formando este trozo el Badabadabú! que bien conocen los habitantes de Whoa! hoy día. Pero no hay pruebas concluyentes.

Es éste un satélite habitado por antiguos colonos de Whoa!, que viajaron allí tan pronto como los primeros cohetes espaciales estuvieron disponibles. Y aunque hay viajes constantemente entre planeta y satélite, los habitantes de uno y otro han llegado a manifestar algunas diferencias que suponen cierta rivalidad, y hasta animadversión mutua. Por ejemplo, los habitantes de Whoa! suelen comer un pedacito de queso siempre antes de la cena, para celebrar la Victoria Láctea que tuvo lugar hace dos milenios; mientras que los habitantes de Badabadabú! suelen comer el trocito de queso después de la cena, como homenaje al Ratoncito Laborioso. Tal disparidad ocasiona a veces grandes disputas acerca de quién come el queso correctamente, asunto sobre el que se ha tratado de legislar en diversas ocasiones, infructuosamente.

Mantiene Whoa!, el planeta rosquilla, una guerra constante y ancestral contra los habitantes del planeta Katracroc! Es éste un planeta, en esta ocasión esférico, que orbita la misma estrella que Whoa!, sólo que en una elíptica mayor. Al ser su recorrido más largo, se cruzan en el punto más cercano a la estrella únicamente cada sesenta años, momento que aprovechan los habitantes de ambos planetas para lanzarse al ataque con sus respectivas flotas espaciales. Unos saquean los pueblos de los otros, aludiendo ambos a que los del planeta contrario empezaron primero, que así es como pasó en los lejanos tiempos en que la contienda comenzó, y que si “ellos” que es como se llaman los unos a los otros no fueran unos animales salvajes e incultos que se comen a sus propios hijos, no habría necesidad de guerra alguna. 

Comparten ambos planetas una lengua similar, con lo que pueden entenderse fácilmente; pero hay distintos dialectos de la misma, que deliberadamente emplean para no llegar a entendimiento alguno. Esta particularidad lingüística hace pensar a muchos en la existencia de ancestros comunes, cosa que los habitantes de Katacroc! no niegan; pero creen que los de Whoa! son una raza que no ha dejado de degenerar desde entonces. Mientras tanto, éstos dicen que esos perros sarnosos no pueden ser como ellos, y que han de tener un origen totalmente distinto como especie (todo ello pese a las conocidas migraciones mutuas en los años de paz, cada período de seis décadas; y pese a que es perfectamente sabido que ambos comparten la misma sangre, ya que tienen hijos entre sí, y no hay forma de saber a cuántas generaciones se remonta cada familia, en su inútil búsqueda de la pureza de sangre).

 
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Además, en Whoa! no dejan de aludir a la peculiar forma de rosquilla del planeta como prueba indiscutible de su superioridad. A eso, y a que no comen (ni comerían jamás) una planta repugnante que en Katacroc! no dejan de engullir, hasta el punto de que es su plato mundial: los guisantes.

Cuando acaba cada guerra (y cada guerra acaba igual: como comenzó, ya que no se gana ni se pierde nunca nada), en Whoa! se organiza un gran festín de tres días para mayor gloria de sí mismos, en el que se come y se bebe hasta quedar saciados de comida y de bebida, lo cual les parece muy lógico. Entonces se realiza una purificación de una semana, que da comienzo al siguiente período de sesenta años de paz (menos esos diez días previos de fiesta y de purga), y todos fingen que los habitantes del planeta nacidos en Katacroc!, con los que viven y con los que se casan y tienen hijos, sí son como ellos; de hecho, olvidan que hubiera diferencia alguna entre unos y otros.

Se practica en Whoa!, como se mencionó antes, la religión del Sinpatetismo, que es la única palabra a la que se permite poner una “n” antes de una “p”. Esta religión surgió de fundir varias religiones previas en una sola, lo que a todos les pareció más sencillo, ya que cada miembro de cada religión en realidad no tenía muy claro cuáles eran los preceptos de la suya propia, y todos se hacían un lío. Fue un gran renovador, conocido como el Gran Renovador, quien escribió el Gran Libro que reúne tal síntesis, quitando “lo que sobraba” y llenando los huecos como le pareció mejor.

El Sinpatetismo da razón del origen del mundo rosquilla (que creó el Dios Pastelero), así como de la especial situación de sus habitantes en el universo, los cuales fueron creados para estar allí, y están allí porque fueron creados. Persisten todavía, sin embargo, algunas normas que el Renovador no pudo eliminar del Gran Libro, por estar demasiado arraigadas en la mentalidad anterior, o quizá porque él mismo las consideraba de singular importancia (hay quien dice, incluso, que sin tales normas el mundo sucumbiría a la anarquía y la barbarie). No obstante, muchas de ellas desconciertan a los actuales habitantes de Whoa!, que si bien las acatan con total respeto y devoción, no comprenden muy bien su significado. Pero, como bien dicen los sacerdotes de Whoa!, “no hay que intentar comprender lo que uno no entiende”.

Algunos ejemplos de tales normas son los siguientes: los miércoles está prohibido vestir de verde (color que gusta mucho en Whoa!, ya que quien lleva prendas de este color se siente más atractivo). Cuando llueve, si no se lleva un paraguas, hay que protegerse la cabeza con un periódico, pese a que no hubiera intención previa de leerlo (en los últimos tiempos esta norma está dando muchos problemas, ya que, debido a los diarios digitales, cada vez se ven menos los de papel en los kioscos de Whoa!, problema de alcance teológico que a los sacerdotes les cuesta explicar). Al bañarse, uno ha de tener obligatoriamente en el agua de un patito de goma amarillo, o bien tres, o cinco, pero nunca un número par (esta norma se pierde en la noche de los tiempos y ya nadie sabe a qué responde). Está prohibido comer tubérculos, y no se sabe si es porque hubo en el pasado algún tipo de intoxicación o qué, pero en Whoa! se consideran plantas sucias que no deben ser ingeridas jamás. No obstante, los habitantes de Whoa! a menudo los comen, pero como a escondidas, con vergüenza, pues si bien todos ellos saben que están prohibidos, aunque todos los demás en realidad los comen, el que lo vean a uno comiéndose unas patatas fritas es sinónimo de oprobio.

Hay otras normas relativas al culto que producen más perplejidad aún, tales como que hay que acudir a los templos en días señalados (pese a que se dice que los dioses están en todas partes y se enteran de todo), o bien que el último día del mes no se puede hacer de vientre, por respeto a la divinidad. En los desayunos se ha de dejar sin comer una parte, como ofrenda a los seres superiores (que nunca parecen haberse comido tales restos, cuando los habitantes de Whoa! regresan a casa). Al practicar sexo, hay que dejar la luz apagada, pero sólo si fuera hace mucho sol. Otra norma que resulta extraña, incomprensible, pero es una de las más importantes, que a todo niño de Whoa! se le enseña en Primaria, es que está prohibido divertirse haciendo el pino, especialmente los fines de semana, aunque es obligatorio hacerlo entre semana como parte de la educación obligatoria (muchos niños y niñas se preguntan para qué les enseñan a hacerlo en Educación Física, si luego no les dejan hacerlo cuando quieren). Hacer el pino tiene unas fortísimas implicaciones religiosas en Whoa!, que sería demasiado profuso explicar aquí, pero que están relacionadas con los pobladores de las antípodas.

En otro orden de cosas, está formado Whoa!, planeta de pequeñas dimensiones, por una sola nación, ya que hubo una gran unificación política en tiempos remotos, lo cual resultaba más práctico para todos: si no hay fronteras, sólo los habitantes de Katacroc! son extranjeros. Y si acaso, los de Badabadabú! Sin embargo, no escapa Whoa! de males de carácter social y político que atenazan a muchos otros mundos, y que son considerados por quienes se benefician de ellos, no obstante, como el indiscutible “orden natural”.

Así pues, hay importantes diferencias en Whoa! según la parte del planeta que habite uno. Si colocamos una rosquilla sobre una mesa, y la observamos desde distintos ángulos, lo comprenderemos bien.

A la parte que queda arriba, la llaman los habitantes de Whoa! el Norte, mientras que a la que queda abajo la llaman el Sur. Pues bien, es considerado signo de estatus vivir en la parte Norte de la roquilla planetaria, donde las rentas son más altas, mientras que el Sur es más pobre y peligroso (algunos basan esto en la incierta posibilidad de que algún día sus habitantes, que viven cabeza abajo, se caigan del planeta hacia el espacio exterior, por lo cual sería un desperdicio ayudarles a vivir mejor). Los habitantes del Sur de Whoa! se quejan a menudo de esto, y explican a los del Norte que en el espacio no hay arriba ni abajo, y que todos son iguales (o que, en todo caso, todos tienen la misma posibilidad de caerse un buen día al espacio exterior); sin embargo, sus demandas nunca son atendidas. Todo el mundo sabe que los del Sur son unos liantes de cuidado.

Si observamos el planeta desde arriba, además, encontraremos a los habitantes que viven en el lado interno de la rosquilla, la parte del agujero. Vivir en esta zona, que por tener menor extensión es considerada más exclusiva, es como en nuestro mundo vivir cerca de la playa, y sus habitantes se consideran a sí mismos mejores. Todavía persisten, debido al movimiento planetario de la vueltecica, algunos problemas que resolver respecto a las franjas horarias, de modo que los pobladores de la parte externa de la rosquilla parecen moverse más despacio, lo que los habitantes de la parte interior consideran un signo de vaguedad y mala sangre.

Hay un tercer factor geográfico relevante en la rosquilla, que consiste en vivir en la parte de la misma que queda más cerca del satélite Badabadabú! Si bien desde allí se cogen los cohetes para viajar al espacio, pues la atracción del satélite los ayuda a despegar, es considerada una zona peor para vivir, por tener la población más mezclada con extranjeros (no paran de llegar inmigrantes), y además porque a veces el satélite da demasiada sombra, lo que hace que en esa zona haga más frío (a los habitantes de Whoa! les gusta mucho darse baños de Tururú!, ya que no saben lo que es el cáncer de piel).

Así pues, hechas estas consideraciones, vemos que hay diferencias sociales y económicas según dónde viva uno en Whoa!: lo mejor es vivir en el hemisferio Norte, en la cara interna de la rosquilla, lejos del satélite, y lo peor es vivir en el hemisferio Sur, en la cara externa, y cerca del satélite y su sombra.

Los mal situados sostienen que es injusto que sus vidas sean peores que las de los demás, sólo por haberles tocado en suerte tal ubicación geográfica; pero los habitantes de las zonas con mejor nivel social afirman que ése y no otro es el orden natural de las cosas, lo que les lleva también a afirmar que así debe ser, por derecho divino (lo que muchos consideran una vulgar falacia).

Incluso dicen que es mérito suyo el vivir mejor (y demérito de los otros, por tanto, el vivir peor), debido a su superior capacidad e inteligencia, y a su esfuerzo y constancia mayores. Y del hecho de pensar que merecen vivir mejor, pasan a afirmar, como por arte de birlibirloque, que los habitantes de las zonas más desfavorecidas merecen vivir peor, porque su sangre y su esfuerzo son inferiores. Y que todo está bien como está y no hay que cambiarlo.

Hay en Whoa!, sin embargo, partidos políticos que intentan transformar esta situación, igualando los niveles de vida en toda la rosquilla. Pero tienen escaso éxito, ya que los del Norte creen justo que cada cual viva con lo que pueda lograr por sí mismo, aunque lo máximo que puedan lograr algunos sea siempre menos que el mínimo que tienen otros por el mero hecho de vivir en zonas mejores (creencia que no deja de ser absurda, pero satisface al parecer la buena conciencia de los habitantes del Norte de Whoa!). 

Señal evidente de ello (para los habitantes de Whoa!) es que en las zonas más favorecidas hacen el cocido con alubias, mientras que en las zonas más pobres lo hacen con garbanzos. Y en aquéllas le echan chorizo blanco, mientras que en éstas chorizo rojo. Y así, todos se convencen de que lo que hay es lo natural, como todos piensan que el vino o el queso de su región es el mejor; en todo caso, los suyos son mejores que los de esos desgraciados de Badabadabú!, y por descontado, muuucho mejores que los de Katacroc!, esos perros que beben vinagre y comen queso hecho con leche agria, como todo el mundo sabe.

Similares problemas surgen con la bandera, ya que la de Whoa!, de fondo rojo con una estrella blanca en el centro, difiere de la de Badababadú!, que es de fondo rojo con una estrella amarilla en el centro (lo cual conduce a más de una discusión, que a menudo acaba en pelea, sobre cuál es la más bonita). Y mayor aún es el problema con los de Katacroc!, esos perros sarnosos, que se atreven a tener una horrible bandera de fondo rojo con una estrella negra en el centro. Cada cual presume de que su bandera es la original, la más antigua, y por descontado la más hermosa; y dicen que los otros se la han copiado. Hay algunos intelectuales en Whoa! que consideran estúpido pelearse por un trozo de tela, y afirman que no hay en realidad ninguna bandera que sea la original, y que de haberla daría igual, ya que todo este asunto conduce únicamente a disputas sin fin sobre quién es mejor.

Hay un asunto de la mayor importancia, y es que nunca, nunca se comen rosquillas en Whoa! se trata de una prohibición no sólo religiosa, sino legal, y esto desde el origen de los tiempos. Mojar una rosquilla en leche es considerado un signo de muy mal agüero, y llevársela después a la boca es un crimen que conlleva la pena de muerte. En Whoa! se hornean diariamente, sin embargo, millones de rosquillas, que sus habitantes compran masivamente. Pero no se las comen (que se sepa, al menos no en público), sino que las ponen sobre un pequeño altar que hay en cada casa, como ofrenda a los dioses. Al día siguiente se tiran, ya que se ponen duras (las que son rosquillas tiernas), o blandas (las que son rosquillas crujientes), y se vuelven a comprar más. La elaboración de rosquillas es el motor económico de Whoa!, su principal industria, pese a que no se comen ni sirven para nada objetivo, sino que van a parar todas se supone a la basura.

En definitiva, Whoa! es un planeta peculiar; único, se diría (así lo dicen los habitantes de Whoa!). No sólo por su forma de rosquilla, ya que cuerpos celestes así no abundan en el universo, sino por la singularidad de sus gentes y sus costumbres; por la idiosincrasia de un pueblo que se sabe especial y distinguido; por sus esencias primigenias, que hacen de sus habitantes el centro de un universo que muy probablemente tenga también forma de rosquilla.



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