19 de septiembre de 2018

EL EVENTO (2 de 2) [Relato]


Viene de El evento (1 de 2).


−Verás: como sabes, el objeto era de color negro. Se podía ver perfectamente a la luz del día. Pero en realidad no lo estabas viendo, porque la luz no se reflejaba en él. Y vemos las cosas porque la luz rebota en ellas y llega hasta nosotros, ¿entiendes? Sin embargo, el objeto no devolvía reflejo alguno, y eso pese a lo pulido que estaba. Si lo veías era porque absorbía la luz, no porque la reflejara; veías su sombra, incluso a plena luz del sol. Como si fuera un agujero negro. ¿Has dado eso ya en la escuela? ¿Sí? Pero, a diferencia de un agujero negro, no atraía nada hacia sí. ¿Sabes qué hicieron los científicos? Un mes y medio después de su aparición, la comunidad internacional se decidió a intentar comunicarse con el objeto, ya que durante todo ese tiempo no pareció hacer… bueno, nada de nada. Y esto tras un intensísimo debate, claro. El caso es que se probó con ondas de radio, ultrasonidos, microondas… Nada. El objeto no sólo no emitía por sí mismo ninguna señal (por ejemplo, no hacía ningún tipo de ruido)… tampoco devolvía las que se le enviaban. No rebotaban en él siquiera. Sólo estaba allí, posado a poco más de dos kilómetros de altura sobre el océano. Por supuesto, esto desconcertó aún más a las autoridades de todo el mundo, y a la comunidad científica en general. Nadie entendía nada. Sigue sin entenderse, de hecho, aunque en las universidades se hayan creado departamentos para estudiar el objeto, y haya asignaturas sobre él. No hay mucho que estudiar, a decir verdad.
−¿Y qué hacen, entonces?
−Pues esos estudiosos hablan, curiosamente, de lo que no se sabe del objeto. Por ejemplo, se decía al principio que, dado su tamaño, debería de tener millones de toneladas de masa. Y que eso, por sí mismo, ya sería suficiente para tener algún efecto sobre las mareas del océano Índico. Igual que hace la luna, aunque a menor escala. Pues resulta que no. No se sabe por qué, pero no se detectó jamás ni la más mínima alteración del nivel del mar debida al objeto, aparte de las habituales. Otros decían que, pese a que el objeto tenía un tamaño descomunal, quizá podía mantenerse suspendido sin emitir ningún tipo de energía residual porque estaba hecho de un material desconocido para nosotros, y que quizá sólo tenía unos pocos kilos de masa. Otros hablaban de masa negativa, un concepto revolucionario que tampoco ha podido ser explicado. Nunca se supo, tampoco (y era imposible, al no devolver ningún tipo de onda), si el objeto era macizo o si estaba hueco por dentro; si tenía habitáculos o espacios vacíos en su interior.
−¡Pues claro que los tenía! ¿Dónde si no iban a vivir los alienígenas?
−¿Tú crees que era de origen alienígena?
−Si no lo fabricó nadie, tenía que ser alienígena. Una chica de mi cole dice que los alienígenas vinieron en su nave desde otra dimensión.
−De hecho, casi todo el mundo se refiere al objeto como “la nave”. Aunque en la comunidad científica prefieren llamarlo “el objeto”. Es para no darle ninguna interpretación concreta, ¿sabes?
−¿Qué quiere decir eso?
−Pues que, si lo llamamos “el objeto”, seguimos diciendo de él, básicamente, que no sabemos nada sobre él. Si lo llamamos “la nave”, ya estamos queriendo decir que se trata de algún tipo de vehículo. Puede que alienígena, como tú dices. O como dice la chica de tu cole, de seres de otra dimensión. Puede que de la humanidad del futuro. Muchos sostienen esa teoría.
−¿Pudieron ser humanos del futuro? ¿Como en una máquina del tiempo?
−Bueno… eso dicen algunos. Que éramos nosotros mismos volviendo atrás para observar algo, o para comunicar algo. O para dejar alguna clase de pista. Lo cierto es que el objeto, la nave, o la máquina del tiempo, como prefieras llamarlo, no realizó comunicación alguna ni dejó mensaje para nosotros, que se sepa. Al menos no uno que hayamos podido descifrar con nuestros medios actuales.
−¿Y tú qué crees?
−Pues… nuestros físicos especulan mucho sobre dimensiones paralelas, pero de momento sólo hemos conseguido hablar de ellas con modelos matemáticos, o a nivel subatómico, el de las cosas que son muy, muy pequeñitas, ¿entiendes? Y en cuanto al viaje en el tiempo, según todo lo que sabemos es imposible. Pero en fin… por lanzar teorías al aire, podemos suponer que una especie de seres interdimensionales podría haber superado las barreras que a nosotros nos resultan imposibles de traspasar, o que la humanidad del futuro ha podido encontrar la manera de desplazarse atrás en el tiempo para venir hasta nuestra época, alterando todas las leyes de la física que conocemos. Pero todo son puras especulaciones. Y como especular es gratis…
−¿Tú qué piensas de la nave, papá?
−Bueno, yo pienso… que fue algo muy interesante.
−¡Bah! Eso es como no decir nada.
−Verás, hijo… En el mundo de la ciencia siempre hablamos de observar las cosas con atención, recoger muestras, hacer experimentos, medir una y otra vez, volver a repensar lo que sabemos… No dar nada por sentado. Y de aquella cosa, salvo su forma y sus medidas, la latitud y la longitud exactas en las que estuvo suspendida, y que nunca varió ni un ápice, no sabemos mucho más.
−¿Qué es latitud y longitud?
−A ver, el planeta es como una pelota; ya sabes, como el hologlobo que tienes en tu cuarto. ¿Recuerdas esas líneas que lo cruzan horizontalmente y de arriba abajo?
−Sí.
−Esas líneas no están ahí en realidad, claro. Son imaginarias. Se idearon en el pasado para que todos los países del mundo utilizaran una misma forma de localizar un punto en el globo. Unas se llaman paralelos, las que van de oeste a este, y las otras meridianos, que van de norte a sur.
−Ésas forman como los gajos de una naranja.
−Sí, dividen la Tierra como los gajos de una naranja, verticalmente, mientras que las otras son como rebanadas, las que van horizontalmente. Por las primeras se dividen también los usos horarios, más o menos. Por eso hay sitios en el mundo en que ahora está amaneciendo, o en que es mediodía. En algunos sitios, al este de aquí, ya es mañana. Es curioso, ¿verdad?
−¿Y por qué la nave nunca se movió, ni fue a ningún sitio?
−Ésa es otra de las cosas sobre las que se especula mucho, y para las que no hay respuesta. Quizás nunca lo sepamos. Verás, aparte del hecho mismo de que apareciera el objeto, de que no diera señales de vida de ningún tipo, y de que no se moviera lo más mínimo, éste es el misterio que más ha traído de cabeza a científicos y gobernantes de todo el mundo.
−Ya… es un poco aburrido.
−Bueno, no es porque fuera aburrido que traía a todo el mundo de cabeza, sino porque no se entendía por qué no hacía nada. En realidad, fue lo mejor: si se hubiera desplazado hacia otro sitio, o se hubiera posado sobre algún continente, quizá hubiera sido más peligroso.
−¿Por qué?
−En primer lugar, por su tamaño. El objeto era tan grande que hubiese podido causar muchos daños.
−No si se hubiera posado sobre el desierto.
−Incluso en el desierto, sólo con que el aterrizaje hubiese sido un poco brusco, podría haber causado un terremoto. Quién sabe… quizá no podía aterrizar o amerizar. Pero lo más peligroso no eran los efectos físicos que hubiese podido tener sobre el planeta.
−¿Ah, no?
−No. Bueno, esto ha dado lugar a toda clase de análisis políticos, sociológicos… y nada de eso es mi campo de estudio, pero muchos investigadores piensan que el más leve movimiento del objeto en cualquier dirección hubiese significado que se decantaba hacia una nación u otra. A no ser que hubiese ido hacia la Antártida, supongo…
−¿Y qué más da eso?
−¿Recuerdas cuando te estaba diciendo que, al principio, cuando el objeto apareció, todo el mundo tuvo miedo?
−Sí.
−En realidad, todo el mundo tuvo mucho miedo, y aunque la sensación de peligro fue disminuyendo con el tiempo, hasta que el objeto no desapareció el miedo siguió estando ahí. Sigue estando ahí, en realidad: miedo a que vuelva, o a que haya hecho algo al planeta.
−¿Tú tuviste miedo, papi?
−Bueno… un poco sí. Pero pronto desapareció. Al ver, tras pasar los días, las semanas y los meses que el objeto no nos era hostil, muchos en la comunidad científica empezamos a verlo sólo como una curiosidad a investigar. Eso es, un objeto de estudio. ¿Y a ti, te da miedo?
−¡No! Yo pienso que es guay.
−Yo también pienso que es guay. Es muy interesante, desde luego. Pero no todo el mundo pensaba así. Los gobiernos de los países, en fin… siempre tienden a pensar en lo que no comprenden como una amenaza. Todos los que tenían armas nucleares rápidamente apuntaron con ellas al objeto, por si nos atacaba, para tratar de destruirlo. Menos los franceses, creo… El caso es que había una fuerte oposición a hacer esto, ya que pensaban que quizá el objeto pudiera detectar hostilidad por nuestra parte, y responder de algún modo. Pero con el paso del tiempo, no pasó nada. Muchos drones, y luego aviones y helicópteros, fueron enviados a la zona, para sobrevolar el objeto, y cada vez se fueron acercando más y más. Los barcos, que al principio dejaron una barrera de seguridad de varias millas alrededor del objeto, con el tiempo también empezaron a navegar por debajo, y no pasó nada nunca.
−¿Y los pájaros?
−¿Los pájaros, dices?
−Sí… ¿ninguno se posó encima?
−Es que no hay muchos en esa zona que vuelen tan alto; ten en cuenta que estaba sobre el océano. De todas formas, he visto alguna grabación de bandadas de aves migrando que pasaban relativamente cerca del objeto, y parecían bastante indiferentes a su presencia. Lo único que llegó a tocarlo, si se puede hablar de “tocar”, fueron las nubes.
−¿Y qué les hizo, a las nubes?
−Nada de nada. Simplemente pasaban cerca, y cuando lo envolvían, el objeto casi no se veía, o desaparecía del todo. Algunos creían que las nubes podían atravesarlo limpiamente, de modo que en realidad no era un “objeto”. Pero no hay pruebas de ello. Parece que simplemente pasaban a su alrededor, como lo hacen alrededor de una montaña. Nunca se detectó agua sobre el objeto, ni escarcha, ni él afectó a las nubes haciendo que lloviera más de lo habitual en la zona, o provocando sequía, o mayor actividad eléctrica. Eso hubiera sido tremendamente interesante… pero no fue así. Nunca se ha detectado variación alguna, al menos hasta ahora.
−¿Hasta ahora?
−Todos los registros que se tienen, relacionado con el evento, se revisan una y otra vez, buscando algún tipo de indicio. Pero no se ha encontrado nada.
−Si no hacía nada, ni se movía hacia ningún sitio, ni nadie se bajaba, ni nos lanzó rayos de la muerte, ¿por qué le tenían tanto miedo?
−Porque el miedo es una emoción muy primaria. Puede que la que más. Enseguida nos vemos poseídos por él cuando algo nos amenaza. O creemos que nos amenaza. La gente, al ver aparecer el disco, pasó de la incredulidad a la estupefacción, y rápidamente al miedo, cuando se comprobó que no era ninguna falsificación de los medios de comunicación o las redes sociales. Había gente realmente aterrada, pensando que sería una invasión alienígena. Una civilización capaz de crear algo así estaría muy, muy por delante de nosotros tecnológicamente, lo que significa que si en verdad se trataba de un ataque no podríamos hacer gran cosa para defendernos. Otros pensaban, y siguen pensando todavía, que era algún tipo de dispositivo explorador; que el evento sólo fue el primer paso para esa supuesta invasión.
−¿Como un dron?
−Sí, como un dron gigantesco. Un artilugio que nos observara y recopilara información sobre el planeta, o sobre nuestras defensas. Sea como sea, al margen de teorías alienígenas, o de dimensiones paralelas, o de máquinas del tiempo, hay una interpretación del evento mucho más influyente que todas las demás.
−¿Y cuál es, papi?
−La interpretación religiosa, por supuesto. La gente necesita darle algún sentido a las cosas que no entiende, y se deja llevar muy fácilmente por las emociones; sobre todo, cuando se comporta como masa. Necesita aferrarse a algo. Y la religión es siempre ese algo.
−¿Qué religión?
−Cualquier religión. La que sea. Cada uno la suya. Es decir, todas las religiones. Cuando el miedo empezó a cundir por todo el planeta, al no comprender en absoluto qué significaba el evento, rápidamente salieron voces hablando del fin del mundo, del apocalipsis, del advenimiento de una nueva era… Como ves, no ha pasado nada de eso, aunque siempre hay gente más que dispuesta a creer que el mundo está a punto de acabarse. Ha pasado en todas las épocas, y aquí seguimos.
−Qué tontos…
−Pues sí. Otros, los menos, hablaban del evento como algo positivo, pensando que era una señal de la salvación. Por supuesto, cada religión siempre habla de la salvación de los suyos, no de la de todos… pero en fin. Algunos pensaban que ésa sería la nave que se llevaría a los elegidos al paraíso, o a otro planeta, o vete a saber qué… El caso es que tampoco pasó nada de eso.
−Eso hubiera molado mucho.
−Supongo… Durante la estancia del objeto en la Tierra, las proclamaciones de líderes religiosos por todo el mundo fueron desde los mensajes más terribles y catastrofistas, hasta los más ridículos. Me acuerdo de uno, de no sé qué secta (era una que por entonces salía mucho en los medios), que afirmaba que el objeto era la segunda venida de Cristo; esta vez no había venido en forma humana, sino en su auténtica forma de disco, la divina. Y muchos les hacían caso.
−¿Por qué lo hacían?
−Porque la gente está más que dispuesta a creer lo que quiere creer. Hasta había infinidad de engañabobos que afirmaban que el objeto les hablaba, directamente a su mente, claro, de forma que nadie más pudiera comprobarlo; y les ordenaba fundar religiones nuevas en su nombre. Así nacieron muchas iglesias que antes no existían, y es que, por absurdo que sea, cientos de millones de personas les dieron dinero, incluso grandes sumas.
−Pero, ¿por qué les daban su dinero?
−Porque el miedo y la ignorancia son las armas más peligrosas de todas, hijo. Las más peligrosas…
−¡Yo quiero ser científico!
−Serás lo que quieras ser. Quién sabe, quizá tú descubras algo nuevo sobre el objeto que hasta ahora se le haya pasado a todo el mundo. Un nuevo punto de vista nunca viene mal.
−Papá…
−Dime, hijo.
−¿Tú qué crees que era? Pero en serio, dime la verdad.
−Pues como yo soy biólogo… ¿quieres saber qué pienso? Que el objeto no era ni una nave alienígena, ni un dron de una dimensión paralela, ni una máquina del tiempo: yo creo que era un ser vivo. Y en esa línea trato de comprenderlo en mis propias investigaciones.
−¿Un ser vivo?
−Sí, un ser vivo. Muy diferente a la vida que conocemos, en todo caso. Quizá no respirara como nosotros, ni tuviera necesidad de alimento. Algo totalmente distinto.
−Papá.
−Qué, hijo.
−¿Por qué se fue?
−Por qué se fue, por qué vino… por qué estuvo aquí el tiempo que estuvo… El objeto permaneció en la Tierra cuatro años, ocho meses, diecisiete días y veintidós horas, más o menos. Y de pronto, un día, ¡pluf!, desapareció.
−¿Se fue al espacio?
−Ni se fue al espacio, ni de vuelta al fondo del océano, ni a su dimensión… al menos, que sepamos. Se fue como vino y como estuvo aquí todo el tiempo: sin moverse un solo milímetro.
−¿Y qué hizo entonces?
−Pues mira: un segundo estaba ahí, y al segundo siguiente ya no estaba. Sin ningún movimiento, sin ningún ruido, sin desplazar las nubes ni alterar lo más mínimo el entorno. Desapareció, sin más.
−Qué guay… Ojalá vuelva, un día.
−¿Te gustaría que volviera?
−¡Claro! Yo no he podido verlo, como mamá y tú. Sólo en vídeos y holos. Me gustaría verlo en directo.
−Puede que algún día tengas la oportunidad. Como no sabemos ni por qué vino, ni para qué, ni por qué se fue, quizá un día reaparezca, sin más. Quizá en otro sitio, y a lo mejor se comunica con nosotros. Pero ahora, se está haciendo tarde. ¿No te gustaría ir a dar una vuelta en bici, y tomar un helado en el puesto del parque?
−¡Sí! Un helado doble, de vainilla y chocolate.
−El más grande que haya… Venga, ponte las zapatillas y nos vamos.




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