28 de mayo de 2017

REGISTRO POLICIAL (Relato)


Los cuatro investigadores de la Policía Judicial dieron por concluido el registro y abandonaron el piso de [omitido por motivos de seguridad], quien en ese momento se encontraba ya en dependencias de la Comisaría General de Información, en uno de los cubículos del bloque de detención, con un cepo neural puesto y monitorizado constantemente por el Sistema Nacional de Salud a través de BioNet, para evitar denuncias por malos tratos. Los agentes pasaron bajo la cinta amarilla que precintaba el piso del sospechoso, se despidieron con indiferencia de los dos policías uniformados que lo custodiaban, y bajaron al portal. En el exterior había algo de público, como siempre en estos casos: geeks y curiosos alentados por la Red que venían a transmitir cualquier cosa que pudieran por unos pocos créditos de publicidad y puntos de celebridad. A los agentes les repateaba esa gentuza, pero no podían hacer nada. Era su derecho legal. Eso sí, sus caras no saldrían en ninguna retransmisión o grabación, pues los inhibidores policiales las censuraban ante los videópticos del público, así como distorsionaban sus voces para no ser reconocibles. En las transmisiones sólo se verían siluetas negras con un código policial sobreimpreso.

Todavía dentro del portal, mientras miraban a la calle y les decían por Copcom a los uniformados de fuera que alejaran otro par de metros el cordón policial, y al coche que se acercara ya a recogerlos, el teniente de la Judicial al mando conectó con el juez que había ordenado el registro. El juez, lo vio en su cabeza, sobreimpreso al portal que tenía delante, estaba en ropa de casa, en su cocina, parecía que cocinando algo. No le sentó bien la conexión, se le notaba, pero la aceptó.
‒¿Señoría?
‒Sí, dígame, Martínez.
‒Registro completado, señoría. Las fuentes eran de fiar, hemos encontrado lo que buscábamos.
‒Perfecto. Mándeme ahora mismo el listado de las pruebas halladas y los escaneos de todo; luego les echaré un vistazo.
‒Ahora mismo, señoría. Salimos de camino al depósito a registrarlo todo.
‒En cuanto a las pruebas, Martínez, ¿qué valoración preliminar me hace?
‒Parecen concluyentes. Material explícitamente terrorista. Hemos hallado revistas, libros y otras publicaciones en papel, ediciones clandestinas con bastantes años ya, de temática izquierdista. Redistribución de la riqueza, crítica al sistema sociopolítico, feminismo, y todo eso. Y también había un buen número de cuadernos con anotaciones y diarios en los que parece haber denuncias al gobierno y a la iglesia, una defensa de conductas sexuales no regladas, proclamas en contra de la nación, y diversos delitos más de odio y subversión. El tipo es un romántico, por lo que se ve; le gusta el papel. De todas formas, los técnicos del Departamento están ahora mismo inspeccionando en la Red los archivos asociados a varios códigos de identificación relacionados con el sospechoso. Parece que de esta forma se captaba a nuevos miembros de la célula ideológica. La empresa proveedora del servicio no ha puesto ningún problema, incluso sin una orden; ya sabe, siempre colaboran en este tipo de casos.
‒Perfecto, Martínez. No tengo que decirle lo cuidadosos que debemos ser con la forma en que esta información es obtenida y llevada a juicio. El público lo vigila todo, así que el procedimiento ha de ser inmaculado, no como en el caso Saidi. La transparencia es lo que define a una democracia.
‒Lo tengo muy presente, señoría. Todo se hará con absoluto escrúpulo, no se preocupe. Ese hijo de puta está acabado.




Registro policial, © D. D. Puche 2017. Contenido protegido por SafeCreative. 

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